Origen e idea

Spain Culinary Villages

Nació de la colaboración entre pueblos encantadores: Parres, Viveiro y Alcalá del Valle. Estos lugares no solo tienen algunos de los restaurantes más interesantes de España, sino que también están llenos de proyectos alimentarios innovadores. Desde huertas y queserías hasta panaderías, productores de carnes y conservas, estas iniciativas están transformando nuestra relación con la comida. Nos invitan a disfrutar de la elaboración artesanal, a explorar nuevas oportunidades laborales y a soñar con proyectos de futuro. Junto con los restaurantes, forman la columna vertebral de la gastronomía contemporánea en España y son cada vez más protagonistas de las actividades más apasionantes en este ámbito.

Pero eso no es todo. Estos pueblos son pequeños, únicos y con un encanto irresistible. Tienen una personalidad gastronómica propia, que refleja la tradición y la evolución de la cocina española. Visitar estos lugares es vivir una experiencia auténtica, conectada con lo local, y sentir el compromiso con el respeto por el paisaje, la alimentación sostenible y la lucha contra el cambio climático. ¡Una auténtica delicia para los sentidos!

En estos destinos, la aventura empieza en el viaje y sigue en el paseo por el pueblo, en la acogida y en redescubrir los paisajes, sabores y demás. Es una invitación a la calma, a disfrutar de la comida sin prisa y dejarse llevar por la magia del lugar. En

estos pueblos, y en los que se unan a la red durante el proyecto, la identidad culinaria no es algo abstracto, sino un sentimiento de apego y cariño a un origen y a una tierra. Es algo natural y sincero. De este respeto por la propia identidad nace la hospitalidad: el deseo de compartir sabores (y saberes) locales.

Para los cocineros y cocineras que viven en estos pueblos, rescatar los sabores de la cocina de su madre es uno de los retos y una de sus misiones. En sus orígenes familiares, en la cocina de su madre y en la despensa de toda una comarca, se encuentran las bases de su educación del gusto. Y son precisamente esos sabores caseros, arraigados en la memoria, los que emocionan a sus clientes, muchas veces sorprendidos y conmovidos al reencontrarse con ellos. Sabores que brotan de la memoria colectiva.

Además, en estos pueblos, el respeto al medio ambiente, del que sale la buena materia prima, es la mejor inversión a corto y largo plazo. Este compromiso se traduce en usar productos locales y en preferir variedades autóctonas y sostenibles, tanto si el producto viene de la tierra como si viene del mar. La calidad de un producto no depende de su precio en el mercado, sino de su cercanía, frescura y sabor.

 

En definitiva, en estos pueblos se hace lo que siempre se ha hecho. Algo tan sencillo como seguir el ritmo de las estaciones e ir cambiando a su paso. Cambia su despensa y, por tanto, varían sus platos: el paisaje está en la mesa cualquier día del año. La vuelta a las raíces.